lunes, 22 de marzo de 2010

El 'enfermo' argentino, cerca de recibir el alta


Argentina aún paga las consecuencias de la suspensión de pagos de 2001 y casi no tiene acceso al crédito. Sin embargo, las proyecciones más optimistas apuntan que el Producto Interno Bruto (PIB) crecería un 4,2% este año. Y si se obtuviera un préstamo internacional a tasas de mercado para el erario público, el crecimiento podría ser incluso algo superior.
Las principales razones de ello están en el campo. La cosecha de soja, que cayó de 46 a 32 millones de toneladas en 2009 a causa de una prolongada sequía, superará este año los 52 millones de toneladas gracias a las copiosas lluvias. También crecerán los volúmenes de trigo y maíz.

Mientras, Brasil, el gigante sudamericano, prevé aumentar su consumo. Argentina vende a su vecino desde granos y harinas hasta vehículos y partes de la industria automovilística. Las fábricas de coches, que el último año tuvieron en vilo a su personal por la caída en las ventas, se preparan para una producción récord.

Pero no todo serán flores para la economía. Distintos observadores coinciden en señalar dos problemas que preocupan bastante. Por un lado, la inflación, que podría alcanzar la tasa del 20% este año sin una política de contención de precios -más allá de la manipulación de estadísticas oficiales-. Por otro lado, el saldo fiscal.

Conflictividad social

Asimismo, los analistas temen que la inflación, sumada a las dificultades para recuperar el nivel de empleo a pesar de la reactivación, desemboque en un año de alta conflictividad social. Los niveles de pobreza, si bien bajaron en los primeros años después de la crisis de 2001-2002, se mantienen por encima del 30%.

Tanto durante la gestión de Néstor Kirchner (2003-2007) como en el período que lleva a cargo su esposa y sucesora, las cuentas arrojaron superávit. Pero esa tendencia se quebró tras un año de política expansiva en el que se privilegió sostener la actividad económica y el empleo más que el equilibrio fiscal.

Para las empresas industriales más afectadas por la recesión, el Gobierno creó un subsidio destinado a pagar parte de los salarios de sus operarios. El Estado abona unos 160 dólares mensuales a casi 80.000 trabajadores de frigoríficos, fábricas de accesorios del automóvil y curtidos, entre otros, y lo seguirá haciendo este año.

Para los más pobres, el Ejecutivo creó dos subsidios el último año. Una asignación de 50 dólares por mes a cada menor de 18 años, cuyos padres estén desempleados o en la economía informal, y una serie de programas de empleo en cooperativas para desocupados contratados por las comunas para trabajar en el servicio público. En consecuencia, de un superávit equivalente al 3% del PIB en 2008 se pasó a un déficit del 0,4% en 2009.
Consciente de esta estrechez, la presidenta procuró en el comienzo del año utilizar parte de las reservas de 48.000 millones de dólares que acumuló el Banco Central para cancelar compromisos de la deuda externa. Pero la oposición, con mayor peso después de la derrota del oficialismo en las elecciones legislativas, se resiste a la idea.
Los márgenes de maniobra de Fernández se estrechan. Mientras el Gobierno afirma que el PIB creció un 0,9% en 2009, los analistas privados estiman que hubo una retracción de entre dos y cuatro puntos básicos.
Este año, todos coinciden en que la economía volverá a crecer -entre un 2% y un 4,2%, según las proyecciones- pero la recuperación del empleo no será significativa. La última medición oficial, que data de finales de 2009, arrojó una tasa de paro del 8,4%. Se trata de un incremento del 7,3% respecto al mismo período de 2008.
Las empresas, a su vez, tienen capacidad para recuperarse sin inversiones y sin aumentar las plantillas. En definitiva, lo peor de la crisis pasó y la actividad se recupera, pero la economía argentina, que supo crecer a buen ritmo después de la caída de 2001 y 2002, tendrá un vuelo bajo, demasiado atado a las contingencias climáticas.

A pesar de la sucesión de crisis políticas, la economía argentina dejó de caer a finales de 2009 y ya ha comenzado a recuperarse. Tras un año fatídico por el impacto de la crisis financiera global y por una severa sequía que golpeó al campo, 2010 se presenta alentador.
Las lluvias pronosticadas auguran una cosecha millonaria de soja, el grano estrella de las exportaciones del país. Y el repunte del comercio mundial también ayuda. La reactivación del vecino Brasil, que prevé crecer 5% este año, promete una demanda en expansión.
La fuga de capitales, que alcanzó los 30.000 millones de dólares en 2009, se frenó. Pero la reactivación marcha, aunque silenciosa, en un clima político incierto. El Gobierno y la oposición mantienen una puja feroz por la decisión de la presidenta Cristina Fernández de usar reservas para cancelar deuda externa. La mandataria cree que para obtener financiamiento a tasas razonables necesita hacer ese «gesto».

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